El sake no necesita afirmarse con fuerza ni convertirse en el protagonista; es bueno que juegue un papel de acompañamiento en la cocina. La destilería apunta a un sake con el que se come, se bebe un sorbo y se vuelve a comer. El ideal es un sake que realce los platos, una los corazones de las personas, y la destilería continuará trabajando con ese espíritu.