El agua de este antiguo pueblo, del que se dice que es 'un agua saludable que favorece la longevidad', se transporta desde la montaña hasta la cervecería, donde se usa no solo en la elaboración, sino también para lavar el arroz, limpiar las herramientas y el consumo diario. Desde sus inicios, la cervecería protege fielmente las técnicas básicas de elaboración y perpetúa un sake sincero.