El pueblo de Shinshu Sarashina y Obasute son célebres desde la era Manyo por sus vistas a la luna, y el propio Basho quedó deslumbrado por ellas. Tal como Basho describe en su relato del viaje a Sarashina, la destilería fue fundada en esta zona rodeada de fuentes y arrozales en terrazas. Desde entonces lleva más de 300 años perpetuando la fabricación artesanal de puro arroz.